Chirigota ‘La vitrina’ en preliminares

La segunda agrupación de la segunda sesión de la fase preliminar del concurso es una chirigota, la chirigota de Raúl Redondo con música de Jesús Luque y la dirección del Capi Alarcón o, más resumido aún, la idea que yo tengo de lo que es una chirigota: un grupo simpático que canta bien un buen repertorio, con el que te ríes, te hace pensar, te emociona y te vuelves a reír y todo ello desde el tipo. Qué simpática. Vienen de trofeos de los que vende Arturo en su tienda de la avenida de la Estación puestos en una vitrina, de ahí que la chirigota se llame como se llama. Hay trofeos de oro, de plata y de bronce sobre su pedestal correspondiente. Hay un trofeo de boxeo, otro de un tirador con arco, otro de un nadador, otro de un luchador de sumo, otro de un jugador de fútbol americano que es como el rugby pero más aburrido y así hasta sumar 12 componentes que se presentan sobre la música de la comparsa ‘Quince piedras’ que sacó Enrique Villegas en 1984 con coreografía adaptada y todo que es muy graciosa. Aquí su actuación completa:

Cómo ha mejorado la afinación del grupo. Así, de primeras, es lo primero que piensa uno. Luego los ve sobre las tablas como más curtidos, que lo están, como más seguros, que lo están, y como más maduros, que lo están. El grupo, que viene de la peña ‘El disparate’ se ha sacudido el peso de sus simpáticas participaciones en años anteriores pero que no pasaron de ser simpáticas (Los de la Vega de acá y Solteras y enteras) y se ve con un aplomo inusitado sobre el escenario que se nota (para bien). Todo eso lo pienso con la sonrisa que no se me ha borrado de la cara durante toda la presentación. A ver si los augurios se confirman durante el resto de la actuación.

El primer pasodoble es una letra contundente contra los ‘culpables de que una nación se hunda sin remisión’ y que son los que tenían que estar, precisamente, en su vitrina ‘para no moverse más’: los banqueros, a los que llaman ‘mamones’, ‘embusteros’, ‘malditos estafadores’ y ‘artistas de la patraña’. Ahí es nada. Por ponerle un pero, cantado con algo de prisa. Por lo demás, me gusta mucho: contundente, critico desde el tipo y de música bonita. La música es bonita. Empieza como me viene a la memoria que empieza la música que saca Mariano Ruíz para sus pasodobles aunque un poquito antes de llegar al trío ésta coge un aire distinto y lleva una cadencia diferente que hace que digas: ey, aquí hay madera. Esto que digo, aclaro, es la enésima valoración subjetiva que hago en el blog. Esto hay gente que lo sabe pero lo mismo hay gente que después de tantos años aún no se ha dado cuenta y lo lee y dice pero qué barbaridad está diciendo este hombre. Sigo. La falseta que lo introduce es original y técnicamente complicadilla, que es bueno que sea así porque para pegarle porrazos a la guitarra ya estamos muchos. Bien.

El segundo pasodoble va para quien ‘se merece por derecho ese trofeo que premie la constancia y valentía (…) todas las mujeres que dieron perdida su risa y su ilusión’ por el cáncer de mama. Estos temas se pueden afrontar desde dos perspectivas: una que consiste en que la mujer termina muriendo y dejando sola una familia con una retahíla de chiquillos y un devotísimo esposo que eso es un dramón de los de Antena 3 los sábados a mediodía y que es a la que recurren los autores más limitados y otra que arroja luz donde hay oscuridad, ofrece alegría donde parce imposible encontrarla y, finalmente, se convierte en un canto a la esperanza dedicado a quien más la necesita. Todo eso lo consigue Jesús Luque en esta letra bonita y emocionante. Yo, qué quieren que les diga, pero si un tema asi de delicado se toca con esa delicadeza y se termina con un ‘sal a la calle, preciosa, que sepa toda Almería que nada te va a parar, que estás dispuesta a luchar y que quieres seguir viviendo la vida’ pues me emociono y cuando los técnicos del auditorio encienden la luz (que hay que ver la manía tonta que les ha dado con eso) le digo a la que tengo al lado que me ha entrado algo en el ojo y que me sople.

Los cuplés son introducidos con un diálogo entre algunos trofeos. El primero al ‘ropaje’ de algunos grupos este año vistos a través de uno de la comparsa ‘Sabores’ que les va vendiendo helados o polos a cada uno en función de lo que salgan. La idea no es mala pero, bueno, tampoco es para tirar cohetes. Un cuplé aceptable. Cuidado que empezamos a dejarnos puntos en el camino. Al final terminan hablando de ellos con referencia ¿implícita? al jurado y ahí se acaban de ir unos cuantos puntos fijo, fijo, fijo. El estribillo es muy gracioso. Es de esas veces que la palabrota viene a cuento, hace gracia, está justificada, no sobra y, por tanto, no es soez sino oportuna. ‘Mira, un imán, qué guay, qué chulo (hacen como que el imán los atrae) y… ¡la chirigota a tomar por culo!’ Estribillo gracioso, corto e inesperado. Bien,me gusta. A ver el siguente cuplé. El tenista dice que por qué no le cantan a los experimentos y el nadador responde que de eso no llevan ningún cuplé pero, bueno, ‘vamos a experimentar’. A mí estas cosas me hacen mucha gracia y soy el único que se ríe en el auditorio. Dicen que les ha salido trabajo en un laboratorio probando medicamentos. Cuentan los posibles efectos que puede tener el experimento y, vale, tiene algo de gracia el grupo describiéndolos pero se acaba el cuplé y yo todavía le ando buscando el chiste a la cosa. Conclusión, con dos cuplés así de flojos (que es lo que más le puntúa a una chirigota) no hace falta que te roben los premios; ya los regalas tú.

El popurrí es brillante. El grupo recupera la calidad de letras de la presentación y los pasodobles y vuelve a ser una chirigota de 10. De 10 en cuanto a la calidad, no en cuanto a la cantidad, que son 12. Empieza con una araña que se pasea por la vitrina. Este recurso de la aparición de personajes es bueno o por lo menos no es malo lo que pasa es que se ha abusado taaaanto en Almería de él que pasa lo que pasa, que para una vez que está justificado que salga alguien en mitad de la actuacion pues piensas: uy, sí, qué original… ¬¬

Ya sólo falta que suban a Nicolás a bailar, cosa que no ocurre. Estupendo. Tan estupendo como el popurrí. Cuarteta tras cuarteta, unas más largas, otras más cortas, cuentan cosas que les pasan como cuando viajaron en avión y tuvieron que pasar por el detector de metales. El popurrí es simpático, algo arriesgado y lo dejo aquí porque me da asco recordar lo de la guarrindonga. Eso sí, me alegro un montón por Salva Colomera (la animadora) es un infatigable del carnaval, que lleva saliendo más años de los que tiene y nunca se ha colado en la final. Este año es su año. Me lo encuentro no recuerdo si en camerinos o en alguna escalera del Maestro Padilla y se lo digo. Le digo que, coño, para ser su primera final va a llegar y besar el santo y que se va a llevar un primero. Y es que si habla el aficionado este era el primer premio, si habla el amigo del autor, este era el primer premio pero si habla el presidente del jurado, pues no. Pero no nos adelantemos que ahora acaban de finalizar su primer pase. Pasan a la final y cuando comentemos ese pase hablaremos de ello.

Las calles rojas y las calles rosas

Cuando este de 2013 aún pega sus últimos coletazos (la metáfora no podía ser más apropiada para una fiesta cuyo final lo marca el deceso de un pez) se me antoja oportuno empezar a pensar en 2014. No lo sería si este hubiera sido un gran carnaval; entonces diría algo así como, señores, vamos a disfrutar del trabajo bien hecho, vamos a recoger el fruto de lo que hemos sembrado pero como sembramos vientos ahora sólo recogemos tempestades y después de este ponientazo en forma de lamentable carnaval de 2013 creo que no debemos dormirnos en los laureles para ver si por fin 2014 es el año (el año que esto repunta, digo). En ese sentido considero que los pilares básicos para la revitalización y consolidación de la fiesta son ajustar las fechas y devolver el carnaval al centro, básicamente. La propuesta no es nueva, ni mucho menos, lleva años sobre la mesa. Entrando un poco más en detalle, la solución (que al menos yo considero ideal dadas las circunstancias) pasa por devolver la final al viernes nuevamente, la cabalgata al sábado y con ella el pregón, la primera toma de contacto con la calle y el primer domingo calle, calle y más calle hasta que el cuerpo aguante. Ya se lo he escuchado a varias personas del carnaval (alejadas de los órganos de poder, eso sí) y, de hecho, ya lo apuntó José Alillo el año pasado en su blog pero otro día abundaremos en tales cuestiones. Si ganas  para cambiar no habrá pero lo que es tiempo… Ahora de lo que vamos a ocuparnos de esa máxima ineludible: la recuperación de la calle.

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Cuidado con la foto. Esto no es ni mucho menos vinculante, se me serenen los que se hayan alterado. Es un poner sobre la mesa un nuevo elemento de debate que, por cierto, ahora paso a explicar.

En los años que llevo saliendo en carnaval he aprendido que en Almería hay tres tipos de público: el de domingo por la mañana, respetuoso y aficionado, que sale a escuchar coplas, el de sábado por la noche, voluntarioso y juerguista y un tercer tipo que dice: coño, una chirigota y se arrima sea la hora que sea. Creo que reconocer al público es lo mejor que le puede pasar al que escucha y al que canta. Ejemplo de error conceptual: la comparsa ‘Sabores’ en las cuatro calles un sábado por la noche. Ejemplo de acierto: la misma comparsa ‘Sabores’ en la plaza de los burros esa misma noche. O un domingo por la mañana. Cada uno es muy libre de hacer lo que le plazca -incluso de ensayar cuatro meses para cantar una o dos veces en el concurso y ya hasta el año que viene, no pisar la calle ni nada que se le parezca- pero a los que siguen en ella una vez que todo parece acabar creo que les vendría bien identificar y para ellos va este regalo.

Las señaladas son todas calles peatonales. Aprovecho y pido perdón a todos los que ponían la excusa de que claro, como el ayuntamiento no cortaba el Paseo, como pasaban coches, pues no se podía parar uno a cantar en la calle. Siento haberos dejado sin excusa. Son, como digo, todas calles peatonales con bares, tabernas, pubs, cafeterías y/o terrazas. ¿Es o no un entorno ideal para celebrar el carnaval? Se podrá vivir en unas, o en otras, o en todas. Eso ya se vería. Las rojas son calles del entorno del Cervantes, calles y plazas ideales para la noche de los sábados (y si se me permite la pedantería, habla la voz de la experiencia). Las rosas son calles del entorno de la calle de las Tiendas y detrás de Correos, ideales para las mañanas de los domingos.

Nota. Lo de los colores no es por nada; eran los únicos que resaltaban de toda la gama.

El coro de la cárcel en las escaleras de Hacienda.

Cuarteto ‘Los cara cartón’ en preliminares

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El momento inolvidable de la primera sesión de preliminares es la aparición en escena de este cuarteto. Son dos ‘y uno de cartón’ pero eso no lo sabemos hasta que se corren las cortinas. Ahí que van ‘mi’ Juan y ‘mi’ Lola a defender el repertorio que traen y resulta que a Juan se le ha olvidado el pito en camerinos y se va a buscarlo. Pero no es algo preparado como el fallo que llevaba ensayado el cuarteto de Raúl Redondo y Jesús Luque en la final el año de ‘La creación’ sino que esto es que se le ha olvidado de verdad. Así que Juan tira para camerinos a recogerlo y Lola aguanta el tipo. ¡Viva el realismo y la naturalidad!

Los diálogos son de película de Berlanga; no que estén sacados de ahí sino que podrían salir en cualquiera de sus películas. Hablan de los eres y dice uno, ‘no me hables de eres porque está toda España llena de eres, y tú eres ese y tú eres Fulano de tal’ y el otro le responde que no, ‘que de Tahal no, de Almería capital’. Otra cosa simpática es cuando Lola no quiere abrirle la puerta al marido, que viene borracho y éste, para convencerla le dice que le trae un ramo de flores a la mujer más bonita, Lola se ablanda, le abre y cuando ve que el otro no trae flores ni nada le dice que dónde está el ramo y el otro le contesta: ¿y la mujer más bonita?

Este es el cuarteto que yo siempre he querico sacar: uno que no ensaya. Que no, que es broma, esto tiene que haber tenido sus horas de ensayo. Pocas pero sus horas ha tenido que haber aunque apenas les cunda y parezca que no es así. Me parto de risa con uno del público que dice: es difícil hacer reír a la gente, coño, pero que por lo menos lo intenten. Alguna gente se va de la sala y quedamos unas 100 personas. Cuando llegan los cuplés faltan las tumbleweed que son las bolas del oeste esas que salen cuando hay duelos. El matrimonio tan metido en el tipo de ‘tragabuches’ ¿defiende? el repertorio como puede y no sé cómo el público no les ha gritado aún un campeones. O algo peor. Y de perdidos al río, ya que está todo el pescado vendido, pues se pone cada uno a cantar su copla gustándose como se gustan los borrachos para terminar cantando a dos voces, cada uno por su lado, lo que cree que la letra (que llevan detrás de un cartón de vino) pone. Ah, no, que es el popurrí, perdón.

Se despiden con una letra a su amigo Juan Bisbal sentida y aplaudida. Esto no pasa a la final ni dándole al presidente del jurado el cartón de vino que lleva Juan toda la actuación (el de las letras por detrás) pero yo quiero que vengan todos los años. Hablando ya en serio, ojalá no se pierda nunca esta otra manera de hacer carnaval, menos elaborada pero más natural, más próxima a nuestras raices. Es innegable que los cuartetos han seguido una progresión que ha situado a algunos a años luz en cuanto a calidad de este que acabamos de ver pero pese a esta evolución y al hecho innegable de que disfrutemos con verdaderas joyas de la modalidad es de agradecer que siga habiendo aficionados que vengan a ofrecernos una realidad tan válida y, sobre todo, tan valiosa de nuestro carnaval como es la posibilidad de expresarse líbremente cada uno. En 2014 yo estaré esperándolos y el que se haya salido durante la actuación, peor para él. Que se mueran los feos, todos menos Lola.

Chirigota ‘Las gim-tonic en vaso gordo’ en preliminares

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Media entrada para recibir a estas marujonas de rulos en la cabeza que van camino de su clase de aerobic. A ver si son capaces de decir algo que no hayan dicho ya los otros seis o siete mil grupos que han salido de marujonas en carnaval en estos años atrás. Para empezar, ‘yo soy (ellas) la única que limpia en esta casa…’ así que van de sufridoras. Tipo estupendo para la calle pero poco competitivo si se viene a hacer algo en el concurso que no sea sólo echar un rato (opción tan válida como otras). Luego se quitan la bata tras la presentación y se confirma lo que se sabía, que van de puretonas de gimnasio con leggins, calentadores y personal trainner mariquita. El tipo recuerda al primer premio de chirigotas en 2007 que iban de marujas que salían a andar. Estas son igual pero de gimnasio, como de marido más pudiente.

El primer pasodoble es una defensa de Almería (a la que definen como ‘una provincia olvidada a la que nadie le ha regalado nada’) y terminan clamando por la unidad de todos los pueblos de la provincia: ‘por eso este grupo de Dalías tiende la mano a los pueblos de Almería’. El pasodoble es muy raro. O la presentación tan larga que no sé distinguir cuándo acaba una y empieza el otro. Además, es largo como en los años dorados de Chiquero y de Paco Uclés. Es como los pasodobles de cuando yo era niño. En el segundo me entero mejor de cómo va la cosa; no es que sea raro, sino que empieza con una introducción jocosa, chisposa, chirigotera y larga antes de meter una falseta clásica y luego, para clásico, clásico, el pasodoble que ya he dicho que suena a los años de cuando el carnaval se vivía en el Paseo. El segundo va para el padre ese de Córdoba que mató y quemó a sus hijos, José Bretón. Recibe un fuerte aplauso.

Los pitos, me fijo en los cuplés, son botellines de Solán de Cabras así que estas mujeres tienen medios que esas botellas son de las caras. El primero es para animar al Almería con un punteo que los introduce precioso. Si el resto es zafio ya lo dejo a la consideración del respetable: ‘Oye, María, ábrete de patas que vamos a darle hasta el mediodía’. Yo no soy jurado pero para mí que eso, a poco que uno pretenda dignificar el carnaval (algo que este jurado lleva años tratando de conseguir en la medida de sus posibildiades) te quita bastantes puntos. En el otro hablan del habla de Almería, de una vez que fueron a Madrid y el camarero no entendía lo que les pedían y termina con un estribillo que resalta que ya de perfil no se les ve. Me gusta mucho: ‘uno, dos, tres, cuantro, cinco y seis… ¡de perfil ya no me veis!’.

Palmas voluntariosas de ánimo antes del popurrí en el patio de butacas aunque hay cierto aburrimiento. Más que nada porque desde mi proscenio veo más pantallitas encendidas y gente escribiéndole a Cele Díaz por Twitter durante la actuación que cabezas mirando al escenario. Los pasodobles han pasado factura y los cuplés no han ayudado, que digamos. Sacar una chirigota es muy dificil aunque aquí hay material para confiar en prontas alegrías en años venidreos. Ya en faena, la cosa mejora bastante, una cuarteta es para ‘criticar a la vecina de atrás’. El público se ríe y baila con una cuarteta rockera. Luego meten el whatsapp en una letra declamada. Me encanta que el repertorio haya girado en torno al tipo. Por eso se sale de algo. Si no fuera así, los grupos saldrían con un traje o en chándal, ya cada uno con lo que esté más cómodo, y cantarían pero no, si se va de árbol tienes que decir quién viene a mi bosque a despertarme y si vas de marujona deportista pues tienes que hacer lo que ha hecho este grupo: un popurrí simpático que hace que te olvides de todo lo que ha venido antes.

Imagino que si te pones a hablar ahora con la gente en los pasillos del auditorio habrá a quien le haya gustado y a quien no pero no se le puede negar a esta chirgota de Dalías que al menos lo ha intentado. Y creo que, en cierta forma, hasta lo han conseguido. Ha habido de todo pero, principalmente, muchísima voluntad por agradar así que, en definitiva, me parece una chirigota más que digna que yo quiero que siga trabajando en esta dirección, puliéndose (eso sí), pensándose dos, tres y hasta cuatro veces si hace falta si poner lo primero que piensen o mejor no y en unos años pueda convertirse en el grupo que ya apunta que puede llegar a ser. Pasen o no pasen (cuando escribí esto no sabía aún que se quedaron fuera de la final) yo ya estoy esperando volver a verlos en 2014. Ojalá.

Comparsa ‘Los impresentables’ en preliminares

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Tres cuartos de entrada recibe a este comparsa de payasos inquietantes salidos como de algún plano húmedo de ‘Sombras y niebla’ de Allen, castigados como en algún relato de Kerouac y extraños como el cine B de terror. Más o menos eso para hacernos a la idea. Desde luego un com-par-són desde su misma concepción, que es capaz de crear y recrear un ambiente único e ideal para la función o, por decirlo más al estilo circense, el número que a continuación van a representar. Dios mío, qué miedo, qué elegancia y qué de todo para esta ‘función suicida’ metidos como están en el tipo desde que se ¿des?corren las cortinas del Maestro Padilla. En su presentación dicen que ‘en este circo que me toca vivir es la palabra mi trinchera’ y me encanta porque lo demuestran. Bueno, no sé si mantendrán el nivel pero la presentación ya es una zanja abierta en el corazón de la creatividad misma como para quitarse el sombrero y dejar ver la calva que lucen estos payasos ‘suicidas’ de un círculo ‘ridículo y enigmático’. Que se definen como ‘un escéptico, antipolítico, soy un artista incomprendido, un poco ecléctico, nada romántico y muy sarcástico, desempleado como el resto de los humanitos’. Y yo me crezco cuando esa segunda fila reporta la tensión precisa con ese soberbio coro durante los tres mejores compases de todo el concurso cuando la primera dice que ‘ya comienzan las ocurrencias de los artistas que están aquí’.

El primer pasodoble son las verdades del barquero. Pasodoble que estremece y ojalá haya removido conciencias. Lo introducen con un megáfono que presenta las letras como quien presenta una actuación a sala más que nada porque están presentando una actuación a sala. Un pasodoble alejado del piropo a tu bahía, a tu alcazaba mora y cristiana, a tu sol, a tus calles y a tus gentes, a los tópicos y a la caspa. Aquí no hay nada de eso sino la evidencia, el lamento, el suspiro. ‘Debería de escribirte’ tantas cosas pero no les queda más remedio que hacer de ‘verdugo’ y expresan su opinión. ¿Qué nos pasa a los almerienses?, pues que viven en una ciudad que’ a pesar de ser bonita le hace falta más coraje’. ‘¿Cómo es posible que reneguemos de nuestra tierra y hablemos siempre mil maravillas de lo de afuera?’. El final deja una frase preciosa: ‘Almería tú serás según sea tu voluntad’.

Cantarle a ‘un tapón que da una vida’ como hacen en el segundo pasodoble es de una sensibilidad especial. Está claro que entre todos intentamos haer un poquito más grande el carnaval, unos consiguen más, otros consiguen menos pero escribir así es lo que le hace ser grande de verdad. ¿Qué es carnaval? Hay quien dice que es crítica y lleva razón, pero hay quien demuestra que también es cantarle, por ejemplo, a la recogida de tapones de plástico con la que Almería ayuda al pequeño Sergio Borrego a salir adelante a pesar de su parálisis cerebral. Por eso el patio de butacas se pone en pie con una sinceridad por encima de rivalidades, impulsado por un resorte que figura en nuestro inconsciente. Ya el propio ‘presentador’ lo decía al inicio: muchos guardan los tapones pero no saben ni para quién son. Y con este pasodoble se demuestra que cuando hay algo bueno, el aplauso también es sincero. Letra grande, muy grande. Y si esto es así en la fase preliminar, madre mía cómo será la final. Porque estamos ante una comparsa de final, eso ya lo decía yo antes de conocer que el jurado también lo piensa.

Menos mal que los cuplés es lo que menos le puntúa a la modalidad. Cuplé disléxico el primero, al comienzo, en el que hablan de la lotería y luego terminan con arrimarse a lo cuanto más primo, más te la arrimo. En fin. El estribillo me encanta, eso sí. El segundo es de la parienta, que abusa del whatsapp que mola que el cuplé sea actual pero se tuerce y se pone soez la letra y paso de comentarla. Más flojo que el segundo, la confirmación de que la perfección no existe, que es imposible alcanzarla, la tenemos en una tanda de cuplés fallida. Ojalá la pólvora de la final no esté mojada.

El popurrí empieza en do sostenido menor que le vendrá muy bien a las gargantas de los integrantes de la comparsa y por eso empezará ahí y ni se habrán cuestionado lo que aquí sigue pero yo lo escucho, lo veo, lo compruebo y, voilà: la nunca mejor dicho barroca teoría de los afectos a la que yo no paro de darle la razón año tras año. Centrándonos en la letra, el popurrí es bastante ácido y crítico, denunciando desde el tipo la realidad más real como las advertencias y los uy, cuidado, no te vayas a caer que ya no hay Seguridad Social. Es un popurrí brillante en fondo y un poco menos en forma con algunas músicas previsibles (la cuarteta a 4/4, arranca olés entre el público) que están muy bien para otro grupo pero yo a este le exijo. Porque sí. Y parece que me hacen caso porque, vaya, dan de cal y dan de arena y si antes lo escribo antes entra una cuarteta brillante. Anda, y otra. Mejor me callo. Luego dicen que imaginemos que somos los dueños de nuestra propia vida. Esa frase es demoledora. ¿Es que resulta que no lo somos y necesitamos soñarlo? Uy. Si ya decía yo lo del fondo. Por cierto, son estupendas las transiciones entre cuartetas, que van engarzando tonalidades diversas hasta una tensa subida de tono algo típica pero que le aporta la intensidad precisa y escalofriante al final. Y se acaba. Se acaba haciendo tipo durante toda la actuación y no parando de sorprender, de agradar y, lo más importante, remover conciencias. Y así se despide una comparsa con mensaje, que suena de lujo, metidísima en el tipo, con un tipo que ha sido todo un acierto y que recibe el aplauso del patio de butacas en pie.

Chirigota ‘Una pija con pelotas’ en preliminares

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Enrique Gómez López lleva saliendo 876 años en carnaval pero aún así le piden matrimonio en cuanto aparece sobre el escenario, señal de que gallina vieja hace buen caldo. O, dicho de otro modo, que Enrique Gómez siempre saca buenas chirigotas. O comparsas, que yo el primer año que salí en el concurso perdí contra él y arrastro el trauma desde entonces. Pero, bueno, no nos desviemos, que se abren las cortinas para que veamos a la chirigota del doble sentido en el nombre (o eso espero) y es verdad porque van de pijas que juegan al pádel y las pelotas son de las amarillas fluorescentes de las que habla la Federación Internacional de tenis y no de las que se tocan los funcionarios del auditorio. Bien, respiro aliviado. Y enamorado. Igual que quien le pide matrimonio a Enrique Gómez parapetado tras su guitarra. Le piden matrimonio porque está muy guapa sobre el escenario y es que otro año más este grupo viene vestido de mujer. Si de mujeres que van a hacer deporte ya nos hemos llevado un primero, las cuentas son sencillas: vamos a volver a ir de mujeres que van a hacer deporte a ver qué pillamos. Entonces eran unas marujonas y ahora son unas pijas pero en esencia, aunque la mona se vista de seda, Enrique vestido de mujer se queda.

Este año van de pijas con un batín dorado que luego se quitan y su melenita larga, lacia y rubia, su cola de caballo y su polo rosa como los polos rosas que se ponen las pijas que juegan al pádel aunque eso sea casi un pleonasmo y yo hasta las veo guapas, qué quieres que te diga. Eso sí, ¿dos chirigotas empezando con una bata y que luego resulta que van de mujeres que van a hacer deporte? ¿Y el mismo año? ¿Y el mismo día? Esto no puede ser. Pero sí, es. Eso sí, este grupo llega con más solvencia o más fuerza o cantando mejor que las otras o todo a la vez y pese a la hora, de tan metidas en el tipo, hacen reír al público, al poco público que queda. Un cuarto de entrada cuando es la una y media pasada de la madrugada que es cuando se presentan.

El primer pasodoble parece que va para los periodistas o el periodismo, una profesión frustrada que a ellas les habría gustado ejercer pero que como no tienen formación suficiente, pues no pueden ejercer. De todos modos cuentan a quien quisieran entrevistar. Empieza gracioso y se pone serio cuando dicen entonces que quisieran entrevistar a Jonathan Moya, el asesino de la niña de 16 meses de Fiñana. Letra sentida y con rabia. El segundo va a España y lo que le están haciendo, que la están dividiendo. Y hay, incluso, quien pide la independencia, que no es como su hijo Antonio que tiene 32 años y no se va de casa. Pero luego se pone otra vez serio y le mandan un mensaje a los catalanes: ¿qué va a ser de vosotros sin los andaluces? También les dicen que a ver si se van y no vuelven. Bueno, venga, sigo.

Vamos que vienen los cuplés. El primero para el programa de Tele5 Mujeres, hombres y viceversa y los ‘chulazos’ que salen, o el Sálvame de Jorge Javier, que ‘es muy cansino y creo que es vegetariano pues dice que le encanta el pepino’. En el estribillo, largo, la gente acompaña haciendo palmas. El segundo tiene casi la misma gracia que el primero. Va de una reunión que tuppersex que tuvieron las amigas. Se volvieron locas comprando todo lo que compraron y cuando les preguntaron si se lo envolvían dijeron que no, que ellas ya se lo llevaban puesto. Cuplés flojos para el concurso pero simpaticotes que en la calle van a hacer gracia.

El popurrí es gracioso, al tipo y animado. La sucesión de cuartetas es una narración de las visicitudes en el día a día de una pija. Y el grupo, muy metido como siempre en el tipo, lo canta bastante bien. Por ponerle una pega, se me hace pelín largo o vete tú a saber si no es largo y lo que pasa es que llevamos más de 5 horas de sesión. Que se dice pronto. Cuando se despide esta chirigota que ha presentado un repertorio y una actuación merecedora de pasar a la fase final del concurso y que los algo así como cien valientes que deben de quedar en el Maestro Padilla despiden al grito de chirigota, chirigota, llevamos más de 5 horas allí metidos. Una más de las muchas, palmarias y evidentes muestras de desprecio con las que el que el organizador del concurso trata a los participantes.